A principios de los años 80, una importante multinacional de la electrónica de consumo, preocupada por la evolución de su negocio en los Estados Unidos, realizó un amplio estudio de mercado sobre el uso y las perspectivas del producto estrella de la época: el vídeo.

El dato más sorprendente de dicho estudio fue la anotación que realizaron los visitadores marcando la siguiente frase: “reloj del vídeo parpadeando en 00:00” en más del 70% de los casos. Por primera vez se reconocía de manera fehaciente que los usuarios de una tecnología ampliamente extendida no sabían utilizar las funcionalidades básicas de la misma (sin saber programar el reloj del vídeo era imposible utilizarlo para su función principal, grabar un programa a una hora determinada sin necesidad de estar presente).

Los avances tecnológicos van mejorando paulatinamente la calidad de vida de la población y, aunque la palabra impresa continúa siendo la principal fuente de información, el acceso a la misma se hace mucho más sencillo y extenso, aunque, al mismo tiempo, las diferencias sociales, económicas y de desarrollo entre las personas, se incrementan por las dificultades de acceso a las redes, ya sea por problemas de infraestructuras como por carencias en los conocimientos necesarios para el uso adecuado de la tecnología.

En la actualidad, la capacidad tecnológica de la que disponemos crece de manera exponencial (por ejemplo, la capacidad de proceso de cualquier Smartphone existente en el mercado es superior a la que disponían las naves que llevaron al hombre a la Luna), pero nuestro conocimiento sobre su uso no ha crecido a la misma velocidad, provocando lo que algunos autores denominan brecha digital, el proceso por el cual una persona queda de alguna manera apartado de la sociedad por su incapacidad para utilizar la tecnología.

El desarrollo de las competencias digitales, entendidas como la capacidad para utilizar de la manera más adecuada la tecnología a nuestro alcance, se ha convertido por tanto en un elemento clave para afrontar la fecha brecha digital y, al mismo tiempo, potenciar nuestras capacidades y habilidades para alcanzar nuestros objetivos personales y profesionales dentro del marco de la sociedad del conocimiento.

No existe un modelo único en el mercado que afronte este reto y, en los últimos años se han realizado diferentes iniciativas que van desde procesos de alfabetización digital (principalmente en el sector educativo) hasta acciones basadas en programas de formación basados en nuevas figuras profesionales como pueden ser los relacionados con la posición de community manager.

En élogos entendemos que el desarrollo de las competencias digitales ha de hacerse desde un enfoque diferente, donde el conocimiento de la tecnología se convierte en un medio y no en un fin en si mismo. Para ello hemos desarrollado un modelo de competencias digitales (6 competencias divididas en 4 niveles) que aborda la respuesta a las siguientes preguntas:

1.¿Cómo puedo utilizar la tecnología para acceder a la información más relevante para mi trabajo?

2.¿Cómo puede ayudarme la tecnología a gestionar esa información y estructurarla?

3.¿En que herramientas me puedo apoyar para generar conocimiento a partir de esa información y de la interrelación con otros en un entorno global?

4.¿Cómo puedo compartir ese conocimiento con los demás en el mundo digital?

5.¿Qué costumbres, normas y metodologías de trabajo puedo utilizar en el entorno virtual para potenciar el intercambio de conocimiento?

6.¿Cómo puedo gestionar la imagen que proyecto en las comunidades virtuales en la que interactuó y en la red en general?.

Ahora es turno, ¿Cómo responderías a estas preguntas?

Por: Gustavo Lopez

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